
Love is just a lie
Happens all the time.

Ayer vi Wasteland en el Green Film Fest 2011. Cada vez que voy a este tipo de propuestas me inspira muchísimo y me parece tan simple e ineludible ser más verdes. De hecho, lo que me queda más claro es que para vivir mejor vamos a tener que vivir más fácil, más cerca unos de otros, más en sintonía, más paso a paso, más en contacto con el entorno, lo más difícil es que vamos a tener que vivir más despacio, o aprender a vivir entre todos, a vivir en un estado de conciencia amplificado.
Me pregunto cuántos de los que vayamos a este festival, que se hace en un cine pochoclero a $22 cada entrada, en un barrio de clase media alta y con un público un tanto acostumbrado a vivir rápido y poco, haremos el esfuerzo, daremos el primer paso hacia formas de vida más sostenibles. También me hubiera gustado que se hicieran funciones a beneficio; ser verde tiene muchísimo que ver con ser social.
Wasteland me movilizó porque a menudo las películas ecológicas son maravillosas y sorprendentes, pero no alcanzan a tocarnos como personas en comunidades, o al menos no nos estampan contra la realidad de otros individuos sufrientes, vivientes, llenos de cosas para contar que están viviendo la realidad del planeta de otra manera tan distinta pero tan unida a nosotros y lo que hacemos. El medio ambiente no se trata sólo de los animales y la naturaleza, se trata en especial de nuestra supervivencia como sociedad, y de la calidad de vida, la dignidad y la identidad que tenemos. Me gusta que a propósito del planeta surjamos nosotros.
Además de esta peli, por supuesto no hay que perderse The Cove, que aunque es super dura es uno de los argumentos más claros que haya visto sobre por qué hay que ser activista. Hay que largarse a hacer.

Estoy viendo más películas que antes y compensando algunas deudas importantes. Si no la vieron aún, vean Brick, lo mejor de un cine negro, film noir, novela hard-boiled que jamás se hace. Además, es en la actualidad, tiene un montón de imágenes inquietantes (sobre todo la del túnel), un ritmo superbueno, unos toques inconscientes y un nombre que la define. Oscurísima y teen. Un ladrillito más en la historia del cine. La dan todo el tiempo por I-Sat de tan buena que es.

Ayer vi Hanna, y me pareció una película rara, bastante rara.
Dígase para empezar que es una coproducción yanqui-alemana con tintes industrialistas-metálicos, que es la historia de una chica de 13 años entrenada como asesina y que la banda de sonido está a cargo de The Chemical Brothers. Todo eso ya es raro. Hay cosas que cuando son raras gratifican porque dan a pensar que hay alguien que estuvo pensando en hacer cosas raras, alguien detrás. Lo cual es tanto mejor que alguien que trabaja con un guión sobre cómo hacer guiones. En este caso el diablo pensante es Joe Wright.
Bueno. Hay cosas que de raras pasan a insostenibles. Ya en las entrañas de la película hay algo extraño que es que la persecución es iniciada por los mismos perseguidos. ¿Se entiende? Se lo describe como un film de vendetta, pero hay más de fuga innecesaria que de venganza (si estaban tan bien en el bosque…), y aún así quedan cientos de cabos sueltos. En especial el final está privado de historia, es un final crudo.
Veo la película y me parece un ensayo. Un ensayo de personajes, como el sibilante de Tom Hollander. Un ensayo musical. Un ensayo sobre un ensayo que es el experimento que da vida a Hanna.
Este tipo de películas raras me despiertan inquietudes.
Por ejemplo: la música silbada, pintoresca que ponen cuando aparece el villano Isaac, ¿es interna a la trama o externa? Siempre se la escucha como banda sonora, pero en varias ocasiones se lo ve al personaje silbándola y siguiendo su ritmo. Estas cosas ambiguas resultan encantadoras. También me da risa pensar que alguien en la descripción del personaje haya escrito que el tipo siempre usaba trajecitos de gimnasia.
Me fascina también que Hanna, a pesar de los intentos, tenga emociones y tenga su propio tema musical. Hanna es mucho más que la asesina que entrenaron, es una tipa que merece una secuela.
El diablo y el autor están en los detalles.



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